Los camiones llegan antes que el sol
A las cinco y siete minutos del pasado martes, un tráiler frigorífico con matrícula de Bilbao detuvo su motor frente al número 14 de la calle Castilla, y lo hizo con el freno de aire a presión, un golpe seco que retumbó entre los bloques de seis alturas mientras tres minutos después una furgoneta procedente de Torrelavega descargaba cajas de lechuga en el muelle del Mercado de la Esperanza.
Nadie del mercado había avisado a los vecinos. La nueva rutina empezó el 1 de septiembre, cuando la empresa concesionaria del servicio de limpieza y reposición adelantó dos horas su turno para esquivar las obras de la calle Alta, y el Ayuntamiento concedió la modificación horaria por resolución de la Concejalía de Movilidad el 28 de agosto, según el documento que los vecinos han adjuntado a sus reclamaciones junto a las mediciones de ruido y los resguardos de las llamadas a la Policía Local.
María Soledad Herrera, presidenta de la asociación de vecinos Las Llamas, vive en el tercer piso del número 8. «Nos levantamos con el primer camión y ya no volvemos a dormirnos. A las seis y cuarto pasan los de la fruta, a las seis y media los del pescado, y a las siete llegan los repartidores del supermercado de la esquina», explica.
Herrera tiene 67 años.
Lleva 31 viviendo en el mismo bloque. La medición es concreta: un sonómetro prestado por la asociación registró 71,4 decibelios en su dormitorio a las 5:22 del 8 de septiembre, con la ventana cerrada. El límite nocturno que fija la ordenanza municipal de ruido para zonas residenciales es de 55 decibelios entre las once de la noche y las siete de la mañana, y la diferencia equivale a pasar de una conversación tranquila al paso de una motocicleta por el pasillo.
Los vecinos no piden cerrar el mercado. Piden que los camiones esperen en el aparcamiento disuasorio de La Marga hasta las siete. «No estamos contra el mercado, estamos contra el horario», resume Herrera. La diferencia importa en un barrio donde el mercado da trabajo a 340 personas y recibe unas 6.000 visitas semanales.
El Ayuntamiento no ha respondido por escrito a las 214 firmas. La Concejalía de Movilidad confirmó a este periódico que la resolución se revisará «en las próximas semanas», sin concretar fecha, y la asociación vecinal ha solicitado una reunión con la concejala responsable que aún no se ha fijado.
El atasco de las siete menos cuarto
La calle Castilla se estrecha entre el mercado y los edificios de viviendas: tiene dos carriles, una acera de metro y medio y, a las 6:45, cuando coinciden la última descarga nocturna y los primeros vecinos que salen a trabajar, la vía se convierte en un embudo donde nadie avanza y todos pitan.
Un taxista del aeropuerto de Parayas, Javier Revuelta, pasa por allí cada mañana a esa hora. «He tardado quince minutos en recorrer 300 metros. Antes tardaba tres», dice. Revuelta ha cambiado su ruta y ahora sube por la calle Ruiz de Alda, lo que le cuesta unos 4 minutos más de recorrido pero le ahorra el tapón.
El problema no es nuevo.
En 2022, una reforma de la acera obligó a desviar el tráfico durante cuatro meses y los vecinos ya protestaron entonces por el ruido de las obras, pero ahora el conflicto es distinto porque no hay obras ni excavadoras ni martillos neumáticos: hay un horario. La panadería La Espiga de Numancia abre a las 7:00 y su propietaria, Carmen Diego, ve pasar los camiones desde el mostrador. «Los clientes me comentan que vienen con dolor de cabeza. Yo les digo que reclamen, pero muchos no saben dónde», cuenta. Diego ha colocado un cartel en la puerta con el número de registro de la asociación vecinal para quien quiera sumarse a las firmas.
El Mercado de la Esperanza es el más antiguo de Santander. Su estructura de hierro y cristal se inauguró en 1904 y fue rehabilitada en 2019 con una inversión de 4,2 millones de euros. Los vecinos recuerdan que aquella obra también generó molestias y que el Ayuntamiento pactó entonces con ellos un calendario de trabajos.
Aquella vez hubo mesa de seguimiento. Esta vez no.
Dos reuniones y ninguna solución
El 3 de septiembre, una representación vecinal acudió al registro del Ayuntamiento de Santander, en la calle Los Escudos, para entregar las firmas, y les atendió un funcionario de la oficina de atención ciudadana que les dio un resguardo con el número de expediente 2026/8871, un papel que la asociación ha fotocopiado y repartido entre los portales del barrio.
El 10 de septiembre, la asociación recibió una carta del Consistorio en la que se les informaba de que su solicitud «se encuentra en estudio». La carta no mencionaba el ruido ni el horario. Los vecinos volvieron a escribir el 12 de septiembre.
No han recibido respuesta.
Mientras tanto, la rutina sigue: el servicio de limpieza del mercado barre el muelle a las 5:30 con una máquina barredora que los vecinos describen como «un secador gigante», y la máquina opera 40 minutos antes de que lleguen los camiones.
La concejala de Movilidad, Ana Belén Gutiérrez, declaró el 11 de septiembre en el pleno que su departamento «estudia alternativas» y que se reunirá con los vecinos «cuando el expediente esté cerrado». No dio fecha. Gutiérrez ha sido criticada por la oposición municipal, que pide una comisión extraordinaria.
El grupo municipal del Partido Popular en Santander ha registrado una moción para el pleno de octubre en la que solicita que la carga y descarga nocturna vuelva a las siete de la mañana. La moción menciona el informe del sonómetro vecinal y pide que se instale una pantalla acústica provisional en el muelle. El PSOE de Santander, por su parte, ha pedido que se espere al informe técnico municipal antes de tomar decisiones. Su portavoz, Daniel Ruiz, ha señalado que «no se puede legislar contra un servicio esencial» y que el mercado «necesita operar». Los vecinos replican que nadie pide cerrarlo.
Lo que cuesta dormir mal
El centro de salud de Numancia, dependiente del Servicio Cántabro de Salud, atiende a 12.400 personas, y su coordinadora, la doctora Elena Pardo, no ha recibido un aumento formal de consultas por insomnio pero sí ha notado un cambio en los motivos de consulta desde que arrancó el nuevo horario. «En las últimas tres semanas he visto a cinco pacientes que mencionan el ruido del mercado como causa de sus despertares. Antes no lo hacían», afirma.
La relación entre ruido nocturno y salud está documentada.
La Organización Mundial de la Salud recomienda no superar los 40 decibelios en dormitorios durante la noche, y los 71,4 decibelios medidos en el piso de Herrera equivalen, según los propios vecinos, a estar «al lado de una moto arrancada» durante cuarenta minutos seguidos.
El impacto no es solo sanitario. Una vecina del número 6, Lucía Fernández, trabaja como auxiliar de enfermería en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla y entra a turno de mañana. «Me acuesto a las once y a las cinco ya estoy despierta. He pedido el cambio a turno de tarde, pero no me lo conceden», dice. Fernández lleva dos semanas durmiendo una media de cinco horas y media.
Su pareja, David Gómez, trabaja en una tienda de telefonía en el centro. «Yo me he acostumbrado a dormir con tapones. Ella no puede», añade. La pareja ha empezado a mirar pisos en El Alisal y en Monte. No quieren irse del barrio, pero reconocen que la opción está sobre la mesa. Otras tres familias del bloque han consultado portales inmobiliarios en las últimas dos semanas, según la asociación vecinal, y el alquiler medio en Numancia ronda los 780 euros para un piso de dos habitaciones, unos 120 euros por debajo de la media de la ciudad.
La próxima cita
La asociación vecinal ha convocado una concentración el 24 de septiembre a las 19:00 en la plaza del Mercado de la Esperanza, y no es una protesta contra los comerciantes: han invitado a los vendedores a participar y varios han confirmado su asistencia.
El mercado abre de lunes a sábado. El sábado es el día de mayor actividad, con unas 2.100 visitas. Los vecinos han propuesto que la carga y descarga se concentre entre las 7:00 y las 9:00, antes de la apertura al público, que se produce a las 8:30. «Es perfectamente compatible», sostiene Herrera.
El Ayuntamiento tiene previsto celebrar una reunión técnica el 29 de septiembre. En ella participarán representantes de Movilidad, de la empresa concesionaria del mercado y de la asociación vecinal. No hay fecha para una solución definitiva.
Los camiones seguirán llegando a las cinco. Las 214 firmas siguen en el registro. Y en el número 8 de la calle Castilla, María Soledad Herrera sigue poniéndose los tapones a las once de la noche con la esperanza de no oír el freno de aire.