Un piso en la calle Vargas, dos ordenadores y una libreta
La primera redacción de Cytologyixo fue una mesa de comedor plegable, dos ordenadores portátiles comprados de segunda mano en un mercadillo de Torrelavega y una libreta de tapas verdes que todavía se conserva en la oficina actual, en el número 8 de la calle Calderón de la Barca, a dos pasos del Mercado del Este; aquel 14 de marzo de 2021 no hubo cava, ni notas de prensa, ni fotógrafo, solo café de máquina y una pizarra con dos titulares tachados. La discusión de aquella primera tarde duró tres horas y versó sobre un asunto nada épico: si convenía empezar cubriendo el precio del bonito o el de la vivienda en El Alisal, porque ambos subían y ninguno de los dos parecía interesarle a la prensa que entonces se publicaba en la ciudad. Ganó el bonito. Lo que empujó a fundar el periódico, en realidad, fue una escena concreta ocurrida dos semanas antes en la pescadería del Mercado de la Esperanza, cuando una señora de sesenta y tantos años preguntó por el precio del gallo, hizo una mueca y se dio la vuelta sin comprar nada mientras la cola entera miraba hacia otro lado.
La dueña del puesto, Marta Ceballos, lleva desde 1998 detrás de ese mostrador y lo contó sin dramatismo: «Antes venían tres veces por semana; ahora vienen una y miran mucho». Esa frase, repetida después en carnicerías, fruterías y ferreterías de toda la ciudad, fue el origen real del proyecto. Somos un periódico independiente con sede en Santander y cubrimos comercio, precios, abastecimiento, aperturas y cierres, sin sección de opinión sobre política nacional, sin horóscopos y sin publirreportajes disfrazados de noticia, una regla que nos ha costado algún ingreso y nos ha ahorrado bastantes sonrojos.
Lo que cubrimos y lo que no pisamos
La redacción actual son cuatro personas contratadas y una red de siete colaboradores repartidos entre Torrelavega, Castro Urdiales, Laredo, Reinosa y San Vicente de la Barquera. Ninguno cobra por escribir sobre una empresa en la que tenga intereses. Parece obvio. No lo es tanto.
Publicamos entre ocho y doce piezas a la semana, y la mitad son datos duros: variaciones de precio en la cesta de la compra, licencias de apertura concedidas por el Ayuntamiento de Santander, expedientes de regulación en polígonos como Candina o Raos, movimientos en la lonja de pescado. La otra mitad son visitas a pie de mostrador, con nombres y apellidos de quien atiende, porque un precio sin una cara detrás se queda en un número y un número solo no explica nada a nadie. Nos hemos comprometido por escrito a tres cosas. La primera: no publicar neveras vacías sin comprobar el motivo de esa escasez. La segunda: no usar la palabra «crisis» sin un número al lado que la sostenga. La tercera: corregir cualquier error de precio con la misma visibilidad con la que lo publicamos, de modo que si decimos que la docena de huevos cuesta 2,89 euros en un supermercado de la Avenida de los Castros y luego resulta que es 2,79, lo corregimos arriba y no en una nota al pie ilegible.
No hacemos entrevistas de café con empresarios que solo quieren salir guapos. No publicamos listas de «los mejores» nada. No cedemos nuestras portadas a campañas de Navidad, de rebajas ni de vuelta al cole. Y no escribimos sobre política autonómica salvo cuando una decisión concreta cambia el precio de algo en una estantería.
Números que sostienen la casa
Cytologyixo se financia con suscripciones y con publicidad local muy acotada: comercios de barrio, talleres, librerías, algún restaurante de la calle Tetuán. No tenemos inversores. No tenemos deuda bancaria. En 2023 facturamos 187.400 euros, de los cuales el 61 por ciento vino de lectores y el 34 por ciento de anunciantes con menos de quince empleados, mientras el resto se repartió entre talleres y charlas, y no dependemos de ninguna subvención nominal, aunque sí concurrimos a ayudas públicas para formación cuando toca.
El consejo de administración son tres personas: la editora, un profesor de Economía de la Universidad de Cantabria y una librera de la calle Cisneros. Se reúne cada seis semanas en la propia redacción, y las actas están disponibles para cualquier suscriptor que las pida por correo, un gesto que en cuatro años ha generado once solicitudes y que se han atendido las once en menos de cuarenta y ocho horas. La plantilla cobra según convenio de prensa de Cantabria, con una revisión anual que este año ha sido del 2,7 por ciento. Nadie en la redacción gana más de 34.000 euros brutos al año. La editora, menos que el redactor jefe. Eso también está por escrito.
Errores, correcciones y alguna bronca
En abril de 2022 publicamos que un supermercado de la S-20 había subido el aceite de girasol un 38 por ciento en dos semanas. El dato era correcto. El titular no.
Dejaba entender que la subida era responsabilidad del establecimiento cuando venía de más arriba, así que nos llamaron del propio comercio, revisamos las facturas de compra con ellos y reescribimos la pieza entera al día siguiente, con la misma firma y en la misma sección, porque un número verdadero puede sostener una historia falsa y la corrección no arregla el daño si llega tarde. El dueño, Óscar Revuelta, sigue siendo una fuente habitual y todavía nos saluda cuando coincidimos en la cola de la caja. También hemos metido la pata con cierres: en enero de 2024 anunciamos el cierre de una panadería de Cuatro Caminos que finalmente reabrió tres semanas después, con otros dueños. Publicamos la corrección y fuimos a comprar el pan allí. No hay más historia. No convertimos nuestros errores en epopeyas de transparencia. Lo que sí mantenemos es una norma sencilla: cada cuatro meses publicamos un informe interno con las correcciones hechas y las quejas recibidas, y el último, correspondiente al primer trimestre de 2025, recoge 14 correcciones y 23 quejas, de las cuales once eran por no cubrir una apertura concreta, siete por discrepar del enfoque y cinco por errores de nombres o cifras.
Dónde encontrarnos en Santander
La redacción está en el número 8 de la calle Calderón de la Barca, segundo izquierda. Abrimos de lunes a viernes, de 10:00 a 14:00, y quien quiera puede subir a contar algo, sin cita previa y sin filtro de por medio, aunque si la puerta está cerrada probablemente estemos en la calle haciendo fotos o tomando notas en una pescadería, en una ferretería de la calle Alta o en el mercadillo de los martes en la Plaza de México. Recibimos propuestas en [email protected]. Respondemos a todas, aunque tardemos una semana.
También puede escribirse por correo postal a la dirección de la redacción; el buzón se vacía cada mañana sobre las 11:15. En cuanto al nombre, no significa nada en concreto. Lo eligió la fundadora una noche de febrero de 2021 mirando un diccionario viejo en el que venía una palabra parecida, y nos gustó cómo sonaba. Cuatro años después seguimos pensando que un nombre raro es mejor que uno que prometa más de lo que puede dar.