Una orden firmada el viernes
El decreto llegó a las manos de los feriantes al mediodía del sábado. Un empleado municipal recorrió la fila de tenderetes con una carpeta de fundas transparentes y entregó copias a cada titular. A las dos de la tarde, casi todos los puestos ya habían recogido la mercancía antes de la hora habitual de cierre.
La resolución invoca el informe de Movilidad de mayo, que cifra en 2.400 los vehículos que atraviesan la calle de Numancia cada mañana de mercado entre las ocho y las dos. El documento señala además que la parada de la línea 5 del TUS queda bloqueada tres veces por semana y que los autobuses acumulan retrasos de hasta once minutos.
El concejal de Comercio, Hilario Beltrán, defendió la decisión con una cifra concreta: 1,3 millones de euros en el presupuesto de 2027 para reordenar el tráfico del entorno de Cuatro Caminos. Beltrán compareció durante ocho minutos y no admitió preguntas sobre el realojo de los vendedores.
Pilar entregó su licencia sin leerla
Pilar Ansorena vende fruta en el número 12 de la calle desde hace veintidós años. Recibió el sobre, lo dobló y lo guardó en el bolsillo del delantal. «Lo leeré en casa, ahora tengo que vender melocotones», dijo mientras atendía a una clienta que se llevaba dos kilos de ciruelas.
Su puesto factura entre 700 y 900 euros cada sábado. La nave que ha visitado en el polígono de Candina le pide 1.100 euros mensuales de alquiler, más 180 de comunidad. Con esas cuentas, Ansorena calcula que necesitaría abrir también los jueves para no perder dinero.
No es la única. La asociación de vendedores ambulantes de Cantabria sostiene que veintiséis de los treinta y cuatro titulares viven exclusivamente de estas dos jornadas. Su portavoz, Teodoro Lastra, anunció que pedirán una reunión con la Concejalía de Mercados antes del 28 de agosto.
El barrio pierde su compra semanal
Los vecinos de Numancia y de la zona de Cazoña han organizado una recogida de firmas en la panadería de la avenida de los Castros. Llevan 1.847 rúbricas en cuatro días. La mayoría son de personas mayores de setenta años que compran pescado y verdura sin cruzar la ría.
Rosa Peláez, de 81 años, vive en la calle de Viento Sur y baja cada martes con un carrito de dos ruedas. Hasta ahora empleaba once minutos en llegar al puesto de pescado. Desde el 1 de septiembre tendrá que tomar el autobús hasta la plaza de México o caminar veinte minutos hasta el mercado de la Esperanza.
Los comercios fijos del entorno también notan el efecto. La ferretería de la esquina calcula que el 15 por ciento de su facturación de los martes procede de clientes que aprovechan el mercadillo para comprar. Su dueño, Marcelino Ortiz, no cree que la clientela siga acudiendo al barrio cuando desaparezca el reclamo.
La alternativa que aún no existe
El Ayuntamiento ha reservado 1.900 metros cuadrados junto al aparcamiento disuasorio de La Marga para un futuro mercado de productores. La parcela es municipal desde 2019 y está sin asfaltar. El proyecto figura como partida de 420.000 euros en el presupuesto de 2027, es decir, un año después de que el mercadillo haya dejado de funcionar.
Los vendedores han propuesto trasladarse provisionalmente al solar de la antigua estación de autobuses, en la calle de Calderón de la Barca. Fuentes municipales respondieron por escrito que el espacio está cedido a una empresa de grúas hasta junio de 2027. La respuesta lleva fecha del 19 de agosto, dos días antes del decreto.
Beltrán ha prometido un plan de recolocación antes de octubre. Para entonces, los treinta y cuatro puestos de Numancia llevarán un mes cerrados y Pilar Ansorena habrá decidido si paga los 1.100 euros de Candina o deja la fruta.